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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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Iglesia Joven de la Univ. Adventista de San Pablo 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN 



Lección 1 

(29 de Marzo al 5 de Abril de 2008) 

¿Quién fue Jesús? 



Denis Konrado Fehiauer 



¿Ouién fue Jesús de Nazaret? Cuando El vivió como hombre, hace ya cerca de dos 
mil años, las personas lo percibían de maneras diferentes. El desconocer las profecías, 
interpretarlas de manera equivocada o siguiendo los lineamientos de una teología más 
bien personal son los factores que contribuyeron, en su momento, a distorsionar la 
persona de Cristo. Está claro que necesitamos considerar los límites de la compren- 
sión humana. Al final de cuentas. Dios no cabe en nuestra mente. Y el asunto se vuel- 
ve más complicado cuando Él decide nacer como un ser humano. No creo, entonces, 
que la Ciencia, o la Teología, logren develar totalmente el misterio de la encarnación. 

El Nuevo Testamento es simple. Presenta a Cristo como siendo plenamente Dios y 
verdaderamente humano. El requisito previo esencial para aceptar este mensaje bíbli- 
co es la fe. La carta a los Hebreos nos dice que "sin fe es imposible agradar a Dios" 
(capítulo 11:6). 

Cuando el mundo fue "iluminado" por la razón humana y comenzó a cuestionar lo so- 
brenatural, no escapó de ello nada de la Biblia y menos el propio Jesús. Así, varios 
movimientos intelectualistas lo "reinyentaron". Ser racional es algo importante. Dios 
espera que utilicemos la mente que Él nos dio. Sin embargo, nos manda: "No se amol- 
den al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. 
Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta" (Ro- 
manos 12:2, NVI). Creer es una elección. Y para ser capaz de hacerlo, el ser humano 
necesita "reciclar" su mente carnal. Según Elena de White, también es necesaria una 
actitud: 

"No hay excusa para la duda o el escepticismo. Dios ha hecho amplia provi- 
sión para establecer la fe de todos los hombres, si quieren decidir por el peso 
de las evidencias. Pero si antes de creer, esperan que cada objeción aparen- 
te sea eliminada, nunca s establecerán, arraigarán ni afirmarán en la verdad. 
Dios no eliminará nunca todas las aparentes dificultades de nuestra senda. 
Los que deseen dudar, podrán hallar oportunidad para ello; los que deseen 
creer, tendrán bastantes evidencias en que basar su fe" [Elena de White; Jo- 
yas de los Testimonios, tomo 1 , p. 582]. 

Mientras Israel se avergonzaba de que el Hombre de la Cruz fuera identificado como 
"Rey de los Judíos", los griegos entendieron que era una locura creer en la salvación 
de la muerte por medio de un simple ser humano (ver 1 Corintios 1 :18-27). No obstan- 



te, aquellos que decidieron tener fe hallaron en la persona de Cristo la esperanza de la 
vida eterna. El hecho de que los escritores bíblicos hayan registrado sus convicciones 
no es una prueba definitiva a favor del cristianismo. Pero, convengamos, ellos no con- 
taron la historia algo así como un superhéroe exitoso. Al contrario, se concentraron en 
el hecho de que su reino no sería algo inmediato en este mundo. Compartieron con 
sus lectores sus propias fragilidades y fracasos. Lo que quiero decir es que no ellos no 
registraron el drama de la experiencia de Cristo y sus discípulos como un intento de 
hacer una especie de marketing del judaismo. Queda clara su intención: compartir el 
mensaje de salvación en el cual creían, aunque fuera impopular. Por lo tanto, el acep- 
tar la Biblia implica recibir completamente su mensaje. 

Pareciera que hoy las personas quieren personalizar a Jesucristo. La moda actual es 
que no importa, o no viene al caso, quién Él realmente fue, sino lo que Él significa para 
mí. Esto es muy lindo, pero a la vez peligroso. Cuando Jesús predicó en una sinagoga 
de Nazaret y se presentó como el Prometido, muchos decidieron que no querían a ese 
tipo de IVIesías. El no satisfizo sus expectativas; aún más, se atrevió a denunciar las fa- 
llas del carácter de ellos (ver El Deseado de todas las gentes). 

Debemos tener cuidado de no rechazar al Salvador tal cual Él se nos presenta en las 
Escrituras. Mientras perdemos tiempo buscando maneras de vencer en los debates te- 
ológicos, dejamos escapar la oportunidad de tener comunión con el Dios hecho carne, 
el Único en su especie, la expresa imagen de la persona de Dios, en quien hay vida 
para toda la humanidad. 



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